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por
la
Coalición Neoyorquina
para la
Ampliación del Derecho al Voto
La ciudad de Nueva York es hogar de
1,361,007 inmigrantes en edad de votar, que todavía no han logrado su
ciudadanía. Esto significa que uno de cada cinco neoyorquinos en edad de
votar no tienen el sufragio. Como residentes de esta ciudad, están
conformes con todas las leyes que los ciudadanos deben observar. Aunque
no son ciudadanos, contribuyen de innumerables maneras a la vitalidad
económica y a la vida social y cultural de esta ciudad y que sirve como
la capital informal del mundo. Según el Instituto Urbano (Urban
Institute en inglés), una organización de investigación y política no
lucrativa en Washington D.C., los inmigrantes anualmente pagan $18.2 mil
millones en impuestos al estado de Nueva York, o 15.5% de la renta de
todos los impuestos.
No obstante, debido a su condición de no ser
ciudadanos, estos "neoyorquinos nuevos" están excluidos del proceso de
elegir a los representantes municipales que decretan políticas que
afectan sus vidas diariamente. Excluir una porción tan significativa de
la población de la ciudad de la participación política mina la salud de
nuestra democracia y desalienta los Americanos incipientes de
involucrarse en los asuntos que enfrentan sus comunidades.
Reconociendo ésto, una coalición integrada por
organizaciones que defienden los derechos de inmigrantes, grupos
religiosos, sindicatos, organizaciones de derechos civiles, y
organizaciones comunitarias ahora promuevan la restauración del derecho
al voto a todos los residentes de la ciudad de Nueva York, sin importar
su estado de ciudadanía.
El derecho al voto para residentes no es nuevo.
Afirma la idea practicada durante la Revolución Americana: "ningún
impuesto sin la representación." A nuestros Padres Fundadores, el
sufragio inmigrante era una medida lógica para animar a los recién
llegados a involucrarse en la democracia americana que emergía.
Durante la mayor parte de la historia de este
país-desde los 1770's hasta los 1920's-22 estados y territorios
federales otorgaban el voto en las elecciones locales, del estado, y
federales a los no ciudadanos. También tenían el derecho a ocupar
oficinas públicas como miembros del consejo, fiscal y miembro de la
junta escolar. Hasta 1804, Nueva York permitió que los inmigrantes no
ciudadanos votaran en elecciones locales y del estado.
Al principio, el sufragio se aplicó solamente a
los hombres blancos con propiedad, y no lo extendieron a los negros, a
las mujeres, ni a la mayoría de los inmigrantes de la clase obrera. Pero
al final del siglo XIX y al principio del siglo XX, el electorado se
expandió y el sufragio inmigrante se vio como una amenaza a las elites
políticas. Comenzando en 1880, una gran cantidad de inmigrantes
provenientes de Europa del este y del sur-que no se consideraban "blancos"
en esa etapa,-llegaron a los Estados Unidos. Esta alta inmigración
continuó por cuatro décadas, retando el orden político dominante,
conjuntamente con otras fuerzas poderosas como la emergencia de
movimientos sociales populares y terceros partidos, la extensión del
voto a los negros en 1870 y a las mujeres en 1970, y el crecimiento
dramático de un electorado de la clase obrera en una nueva sociedad
industrializada.
Para frenar estos nuevos votantes, las élites
políticas decretaron varias medidas para quitarles su voto. Por ejemplo,
instituyeron pruebas de alfabetización, impuestos de caseta ("poll
taxes"), requisitos restrictivos a la residencia y la inscripción, y la
revocación del del sufragio no ciudadano. Estas maniobras negaron la voz
política a una gran cantidad de americanos, tal que en 1924, sólo votó
49% de la población registrada, en contraste de una participación de
casi 80% antes de 1900.
Para cada grupo oprimido en la historia
americana, el derecho al voto ha sido una herramienta esencial para
adquirir los derechos económicos, sociales y civiles y para que la
democracia se ampliara. Para los africanos-americanos, las mujeres, y
los hombres jóvenes que fueron obligados a ir a la guerra a los 18 años
de edad, sin tener el derecho al voto, el derribo de las barreras
legales al voto era un punto en su lucha para la igualdad. Al reconocer
la importancia del voto, los líderes del movimiento de los derechos
civiles, lograron la anulación de los impuestos de votar y pruebas de
alfabetización. En 1971, la edad de votar fue reducida a los 18 años.
Sin embargo, un número alarmante de la
población -los inmigrantes- quedan sin el sufragio. Hoy, después de más
de tres décadas de fuerte inmigración, casi 20 millones de inmigrantes
no ciudadanos en los Estados Unidos pagan impuestos, trabajan en todos
los sectores de la economía, dirigen empresas, mandan sus niños a la
escuela y contribuyen en varias maneras a nuestra vida cultural. El
costo mas grande que pagan los inmigrantes es cuando sirven en el
ejército y mueren defendiendo a nuestro país. Pero la mayoría no tienen
un voto en los asuntos que afectan a sus vidas diariamente.
Ampliar el sufragio es una medida lógica y
pragmática para unir a todos los miembros de nuestra sociedad hacia un
sueño común de hacer avanzar nuestro país. Nos da un interés profundo en
nuestras comunidades y un sentido de que podemos mejorar nuestra
situación. En vez de sustituir la ciudadanía, el otorgamiento del
derecho al voto a los neoyorquinos nuevos es la mejor manera de promover
la educación y la participación cívica. La mayoría de los inmigrantes
quieren ser ciudadanos, pero el embotellamiento en el proceso de las
solicitudes significa una espera de 10 años o más para hacerse ciudadano.
Muchas comunidades en los Estados
Unidos-incluso, más de veinte países en varias partes del
mundo-reconocen estas razones para otorgar a los residentes locales el
sufragio sin importar su estado de ciudadanía. Ya, algunas
jurisdicciones permiten a los inmigrantes votar en elecciones locales. A
lo largo de la última década, por lo menos una docena de comunidades han
lanzado campañas de costa a costa para expandir el derecho al voto a los
no ciudadanos.
Maryland permite que los no ciudadanos voten en
elecciones municipales en seis municipios. Amherst y Cambridge en
Massachussets, aprobaron el derecho al voto de los no ciudadanos, aunque
esperan una ley que lo permita en el estado. Iniciativas similares se
han lanzado en una docena de otros lugares, de costa a costa, incluso
San Francisco, Washington, D.C., Denver, y Connecticut.
En una medida que afirmó el interés de los
padres en la educación de sus niños, las ciudades de Nueva York y
Chicago restauraron el derecho de los no ciudadanos a votar en las
elecciones de las juntas escolares. En Nueva York, todos los
inmigrantes-residentes permanentes e inmigrantes no documentadcos-que
tenían hijos en escuelas públicas podían votar en elecciones de la junta
escolar desde 1970 hasta 2002, cuando eliminaron las juntas escolares.
Los problemas de las juntas escolares aparte, eran los cuerpos elegidos
más representativos en la ciudad en términos de raza y de pertenencia
étnica.
Nueva York, sede de la Estatua de Libertad y
Ellis Island, simboliza el pasado y futuro americano como una nación
inmigrante. Sería apropiado que Nueva York restaure el voto a todos los
residentes en las elecciones municipales, ampliando nuestra democracia y
sirviendo como un ejemplo y modelo para una ciudad construida por
inmigrantes.
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